Visita al museo de South African Airways en Johannesburgo.

Visita al museo de South African Airways en Johannesburgo.

Hace unas semanas, entre todo lo interesante que uno puede visitar en Sudáfrica, tuve la oportunidad que un aerotrastornado no puede dejar pasar: visitar el museo de South African Airways.

En 2.004, entre los artículos que un aficionado a la aviación puede leer, leí uno del que todavía me acuerdo: Un 747 aterrizó en un aeródromo con una pista estrecha y muy corta para un avión así. ¡Se convertiría entonces en una pieza de museo! Dicho evento se repetiría de nuevo en 2.006 con otro 747SP de SAA.

Este museo cuenta con aviones en estado de vuelo como un DC3 y un Ju52 recién restaurado, y que actualmente se encuentra a la espera de su certificado de aeronavegabilidad. Además, dispone de una exposición estática de aviones, que aun con mucho trabajo que hacer, reúne unos ejemplares envidiados por muchos museos aeronáuticos.

Junkers Ju 52/CASA 352L; ZS-AFA. (foto: Stephen Rossouw)

A unos 35 minutos en coche desde el centro de “Joburg” se encuentra el aeródromo de Rand, construido en los años 20 del siglo pasado, fue el aeropuerto principal hasta los años 50 cuyo relevo tuvo el Aeropuerto Internacional de Jan Smuts (JNB), el que es hoy el mayor aeropuerto del país.

El día que estuve pude ver gran actividad. Desde pequeños monomotores de pistón, pasando por aviones acrobáticos (Los Flying Lions), escuelas de vuelo o centros de mantenimiento. En sus extremos pude ver aviones abandonados que en otra época fueron la punta de lanza de las mayores compañías del mundo cómo el épico DC3 o el transoceánico DC4. En este caso aviones retirados de la compañía Phoebus Apollo Aviation.

A mi llegada al museo pude divisar los estabilizadores verticales de sus joyas más llamativas, la de los dos Boeing 747, uno de ellos un SP. Al atravesar el aparcamiento, entré en el edificio principal para comprar el ticket de entrada tan solo 40 RANDS (2,5€).

Entrada al museo y tienda.

No hice más que entrar y pude comprobar una de las maravillas del museo: sus colaboradores.  Una señora mayor, de unos setenta y muchos años, pero con una vitalidad de 30, me recibió en un mostrador lleno de fotografías y recuerdos de lo que fue South African Airways. Ella, igual que las personas que allí trabajaban daban muestras de su disposición a dar a conocer y hablar sobre la cantidad de recuerdos que allí almacenan.

Algunos de los recuerdos del museo.

Cantidad de fotos, recortes de periódicos, maquetas, libros de registro antiguos, publicidad y horarios de sus vuelos, uniformes, instrumentos de vuelo, etcétera te llevaba a través del tiempo desde que South African Airways comenzó a operar en febrero de 1.934 hasta hoy en día.

Uniformes y maquetas.

Había dos recuerdos que me llamaron la atención entre todos ellos. Entre los recuerdos de la compañía tenían una maqueta, y explicaciones de cómo trajeron 3 Ju52 (CASA 352L) de fabricación española. Estos tres aviones se convertirían en octubre de 1.934 en los primeros servicios regulares de pasajeros de SAA. El segundo recuerdo, triste por otra parte, es la conservación de una de las piezas de un B747 accidentado en el océano Índico en 1.987 que segó la vida de 159 personas.

Cuando sales del edificio y cruzas el aparcamiento de nuevo, tienes la sensación de que todavía queda mucho por ver. La exposición estática exterior se encuentra en una esplanada adyacente con varios aviones históricos emplazados ahí.

A través de la garita por la que se accede, hay unos chicos, muy entusiastas que se ofrecen muy amablemente a guiarte a través del museo. Es fácil hablar con ellos y enseguida compruebas que son entrañables.

Hay dos piezas que que llaman la atención: Los dos Boeing 747. El “Lebombo” un serie 200 y un SP. Ambos llegaron al museo volando. Aterrizaron de donde ya nunca podrían despegar. Primero porque la pista no lo permite de lo pequeña que es, y porque sería el lugar de reposo para estos dos monumentos. El interior del serie 200 se puede visitar, y está muy bien conservado en el mismo estado que cuando fue retirado. Como curiosidad, y que me llamó la atención, es que, si os dirigís al final de la cabina de pasajeros, hasta pasada la última fila de asientos, los conservadores han dejado descubierto un mamparo donde van alojadas las famosas “cajas negras”.

Cajas negras al descubierto.

Entre la cantidad de detalles que uno puede ir observando, es un soporte que los Boeing 747 tenían montado debajo del semiala izquierda, entre el motor número dos y el fuselaje. Dicho soporte, servía para poder trasladar motores de repuesto allá donde hiciera falta. Debido a su tamaño, no existía avión suficientemente grande para poder transportarlo en su interior.

Motor de repuesto entre el fuselaje y el motor número 2.

Durante la visita existen muchas joyas dignas de ser mencionadas como dos simuladores de vuelo de un A300-B4, el de un B747 classic, Parte de un B707 con su cabina pasaje muy bien restaurada. Da una sensación de ofrecer a las personas cómo eran de verdad estos aviones. Las cabinas de pilotos se encuentran en un gran estado de conservación. Hecho que se repetía en el DC4, B707 ó Constellation. Sí. ¡Un Constellation!

Un avión, que supuso un cambio en los vuelos transoceánicos fue el Constellation. El Lockheed L1649A contaba con cuatro motores de pistón radiales. Sin embargo, normalmente terminaba sus vuelos con uno inoperativo. De ahí su sobrenombre: “El mejor trimotor del mundo”. Si bien su estado exterior está siendo restaurado actualmente, el interior está bastante bien conservado.

Al verlo, no pude evitar preguntar a su restaurador que se encontraba en ese momento trabajando en él. Tras una breve conversación, me invitó junto a Daniel, mi guía, entrar a visitarlo. Es de agradecer su detalle pues todavía no es visitable.

En un pequeño hangar, en frente del Constellation tienen también, y muy bien conservados dos aviones, el De Havilland 104 Dove, y un Lodestar de 1.947 y 1.940 respectivamente. Estos dos aparatos cuentan con la particularidad de conservar los colores azules y grises de la época, y del clásico “Springbok”. Enseña que se convertiría en estandarte de la aerolínea y del país.

El Dove con mis nuevos amigos. Daniel en la derecha de la fotografía.

Entre avión y avión, podía intercambiar historias con sus amables y encantadores colaboradores. Daniel, al que tengo que agradecer su compañía y entusiasmo en todo momento, me presentó a numerosos aficionados que, como yo, disfrutamos de un día en un museo lleno de historia y curiosidades aeronáuticas.


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